Publicidad:
La Coctelera

laesquinademialma

3 Junio 2008

Felicidades...

Hace ya un año que tú y yo estábamos asomados a una ventana de tu casa de León, una noche donde la alegría de la verbena próxima iluminaba nuestros rostros con el cielo de colores, y al son de la pirotecnia me decías por primera vez que estabas enamorado de mí

Anoche hizo justo un año…
En tus miradas y palabras intentaba buscar diligentemente el renuncio esperado, realmente no creía que lo dijeras fuera cierto, no sé si porque era como un cuento de hadas y mi racionalidad me decía que no era verdad, o porque no me valoraba lo suficiente como para pensar que alguien como tú sintiera eso por mi.
Nunca he creído en el romanticismo de película, en los ramos de rosas por sorpresa, los “dejo todo por ti”, los anillos de diamante, los paseos entre fuegos artificiales y hogueras, o las citas sorpresa… Nunca lo he creído, pero cuántas veces lo he soñado… y resulta que todo se cumple… y viene de tu mano, de Su Mano.
El Universo se alió a ti sin yo saberlo y a tus palabras siempre las acompañó el sonido de mar, los adornos de fuego de colores en el cielo, el tiempo y la noche estrellada. Siempre tuviste la facilidad de tener una banda sonora especial, sin premeditarlo, y claro… una no es de piedra…
Aún así no te creía… no me permitía sentir por si salía dañada. Pero qué terca y cabezona que he sido siempre…

Tú corriendo hacia mí, y yo huyendo de ti… así nos pasamos los primeros tiempos…
Eso fue anoche…
Hoy hace un año que te vi llorar por primera vez, mientras te esperaba con una toalla con la que apenas acerté a cubrir la desnudez de tu alma. Esas lágrimas te siguen cambiando la vida…
Seguimos en la lucha, y con el Universo de nuestro lado… nadie dijo que fuera fácil, pero la recompensa es inconmensurable…
Felicidades a mi, porque hace un año decidiste quererme…
Felicidades a ti, porque hace un año decidiste quererte… aceptando ese amor que nunca falla.
El que tenga oídos para oír, oiga…

servido por laesquinademialma sin comentarios compártelo

3 Junio 2008

Sin acritud...

- Sin acritud, dijiste, al decidir pasar tu brazo por detrás de mi espalda, para estirarlo, según tú, mientras tomábamos una jarrita de sangría en las Cuevas del Sésamo… allí en un Madrid de luz tenue, lluvioso y gris que no apreciábamos desde esa perspectiva.
Me miraste y casi me pediste perdón por hacerlo.
No se tú, pero cada vez que nuestras manos, nuestras piernas, alguna parte de nuestro cuerpo se rozaban lo más mínimo, salían chispas de mis ojos que apenas podía controlar…

Era la sangría, te dije. Pero sin acritud…
Comenzamos a hablar, y como si de esos intelectuales de principios de siglo pasado, en esas mismas cuevas, se tratara, comenzábamos a dirimir nuestro futuro o no futuro, rodeados de paredes, con letras de los más famosos pensadores incrustradas y que ayudaban a crear un ambiente pseudointelectual, racional, y algo insensato.
Pero la sangría comenzaba a hacer acto de presencia en nuestro organismo, al menos en el mío, y eso unido al amor refrenado durante semanas, al órdago que le eché a la compostura y a la sensatez durante días y días interminables en los que sólo te pedía tiempo, y al caos más absoluto presente en mi cabeza de voces y voces que aconsejaban en todas las direcciones posibles… Dije:

Sin acritud…
...y te besé…

servido por laesquinademialma sin comentarios compártelo

3 Junio 2008

Aparta de mi su recuerdo...

Hoy vuelvo a tener esperanza. Algo me dice que será un buen día, aunque no sería la primera vez que yerro en mis predicciones.
Como cada vez que me siento con fuerza e ilusión no puedo evitar echar la vista a atrás y valorar lo vivido hasta ahora. Para ver lo que he aprendido, lo que he superado, lo que has crecido, y lo que has conseguido.

Hace casi un mes que me quité tu anillo de mi mano, y cuando lo hice pensé que era para siempre. Ese anillo solitario, de oro y diamante, especial, precioso, que pusiste en mi mano la noche de San Juan entre las hogueras de una pequeña playa gallega, con la esperanza de compartir tu vida conmigo toda la vida.
Y pensando en él me he puesto a recordar el día que rogando, llorando y casi dándome cabezazos contra la pared le rogué a mi madre que quitara de casa todo lo que me recordara a ti. Tiré tu anillo encima de la mesa y le dije, “escóndelo, no lo tires que al menos tiene valor material…” jajaja, curioso, pero semanas después fue lo que tú me dijiste… “aunque sea por lo que me costó, no lo tires…”
Fui absolutamente consciente del dolor tan intenso que puede producir un simple recuerdo, una sola foto… incluso durante unos días fui incapaz de acceder a algunas páginas de internet porque la contraseña que me pedía tenía algo que ver contigo.
Sólo quería apartar de mi tu recuerdo…
Hoy, varias semanas después, me he puesto a buscar esos recuerdos escondidos no sé donde. Quiero recuperar ese anillo y meterlo en el bolso por si acaso, no sé, me vuelves a preguntar por él y deseas ponérmelo en el dedo como tantas veces me has dicho estas últimas semanas.

No los he encontrado, mi madre los escondió a conciencia.
Finalmente me he rendido y le he preguntado en tono jocoso: - ¿Dónde has escondido los objetos…?, -religiosos?, terminó ella. Con intención de quitar hierro al asunto.
- Sí, le he contestado. Después de echar unas risas y darle un fuerte abrazo.
- Ahora te los doy, hija… entonces ¿ya se pueden sacar?...
- Sí, mujer, sí.
Al rato me dijo: - Hija, en cuanto me lo dijiste recogí todo con prisa y lo escondí bien para que no pudieras encontrarlo, porque no hubo nada que a mí me doliera tanto en la vida como tener que quitar yo sola todos los objetos de la casa cuando se fue tu padre.
En ese momento entendí el dolor tan intenso que produce una ruptura, y en ese momento entendí el dolor porque el que pasó mi madre y que a mi siempre me quiso evitar.
Gracias mamá…

servido por laesquinademialma sin comentarios compártelo

3 Junio 2008

El efecto de las palabras...

Cuantas veces te he dicho lo que me alivian, me atan, me asustan, me imponen, me matan, me vivifican, me ruborizan, me aceleran el corazón, me hipnotizan, me paralizan, me bloquean… las palabras.
Siempre he creído que de la abundancia del corazón, habla la boca, y que las cosas que se dicen, incluso en momentos de desesperación, algún lugar, aunque sea pequeño, ocupa en lo más profundo de uno mismo. Temores inconscientes, deseos ocultos, sueños aparentemente absurdos, rencores escondidos, traumas no resueltos, etc.

Me doy cuenta que la gente usa la palabra para intentar ayudar, para aconsejar, para opinar, para elucubrar, sin darse cuenta muchas veces que con su buena intención, están matando algo en ti. Me duele ver lo que muchas veces somos capaces de decir en nombre del Amor y la Amistad. Y lo veo porque ahora me duele a mí, y este dolor es el que me hace pensar que quizá yo también haya dañado a otros sin darme cuenta.
No hay nada que edifique más que una palabra bien dicha, ni nada que destroce más que una palabra envenenada...
Tú mismo, sin ser consciente, usas la palabra para condenar, condenarte, condenarnos, atravesado por experiencias de las que deberías deshacerte de una vez por todas. Porque tus palabras, a veces me dañan. Pero otras veces, una sola palabra tuya, me da la vida...
Ayer me sentí orgullosa de ti. No sabes cuánto... Me sentí de nuevo especial por estar a tu lado, me temblaban las piernas, como cuando pasamos el rato en aquel muelle donde nos dimos el primer beso…
Para que veas el valor de la palabra, creí ver un brillo especial en tus ojos cuando la gente se te acercó a felicitarte y a decirte “es lo mejor que hemos visto en años”. Eso te valió más que cien mil regalos, palmaditas en la espalda, u ovaciones vacías.
De la misma manera, hazte un favor y elimina de tu vocabulario frases lapidarias de autocompasión y rendición, porque no van contigo. Porque las palabras atan.
Si por algo he comenzado a escribir, es porque necesito revertir el efecto de las palabras en algo positivo.

Hoy he decidido que tú leerás mis palabras. Te invitaré a mi casa de LDA, no sé si mañana, pasado, o dentro de un mes.
Mañana hemos quedado para pasar un rato juntos, tomar una caña, pasear, hablar, mirarnos, abrazarnos quizá... no sé... puede ser que te regale una cajita con mi libro de arena, no lo sé, o quizá sea la llave de mi corazón lo que allí deposite.
De momento, te dejo mis palabras…

servido por laesquinademialma sin comentarios compártelo

3 Junio 2008

Águilas...

Ahora tu voz, tus manos, tus gestos me suenan diferente.
Ayer me abrazabas, como se abraza a un amor fingiendo ser amigo. Y yo te correspondí, eso sí, sólo con un brazo. Quizá abrazar con los dos comprometía demasiado…
Me repetiste una y otra vez que te gustó mucho verme, que lo necesitabas, que me echabas de menos, y yo fui incapaz de hablarte de mi locura por la calle 30, esquivando coches y maldiciendo el atasco por la obras en la Calle del General Ricardos que me retuvieron al menos 20 minutos más. Todo por no perder ese momento en que de casualidad nos cruzaríamos, tú yéndote y yo llegando, pero tenía ganas de exprimir esos minutos al máximo.
- Te quiero, pero te quiero bien, me repites una y otra vez.
- Necesito tiempo, te contesto yo.
Quizá tenga que entender de una vez por todas que lo que necesitas son momentos de esconderte, allá en lo alto, para arrancarte las plumas con tu pico, como el águila. Para desprender las uñas de tus patas arañándolas en tus paredes hasta hacerlas desaparecer. Para quebrar tu pico contra la roca hasta arrancarlo como hacen estas majestuosas aves cuando ven que su vida tiene que renovarse, con el único fin de reaparecer con un nuevo plumaje, un pico joven y brillante y unas uñas fuertes para conseguir el sustento

Quizá tenga que entender esto, y admitir y asumir que este proceso es doloroso, que mucha sangre y lágrimas brotan al arrancar partes de tu cuerpo, de tu vida, para que nazcan las nuevas.
Debo entenderlo, y necesito tiempo…
A mi también me encantó verte, los días se hacen largos y vacíos si no te tengo a mi lado, pero ayer ya vi en ti plumas nuevas de esperanza, y uñas robustas de fortaleza.
A ver cuando me atrevo a renovar las mías… quizá en esto también debas enseñarme...

servido por laesquinademialma sin comentarios compártelo

3 Junio 2008

Digan lo que digan...

Hoy me he levantado de nuevo con un pequeño nudo en el estómago, siendo consciente un poco más que ayer de mi agotamiento emocional, pero pronto pasó…
Me siento una virgen sentimental, un paraje inexplorado, una curiosa pieza de museo. Buceo en este maravilloso lago de sentimientos que es LDA y encuentro alivio, esperanza, desesperación, falta de fe, optimismo, arte… y con todo me siento identificada… o con nada

No pienso con claridad, realmente no sé que me pasa.
Como algún día te diré, este espacio lo he creado para que puedas entender cómo me sentí en este proceso de desierto, de retiro voluntario. Lo he hecho como terapia para permitirme sentir en soledad, ante desconocidos que no me juzgarán, ni tampoco lo harán contigo. Pero que se muestran muy cercanos a mi presente.
Me doy cuenta que me he creado un círculo de seguridad tan amplio que nunca he sentido claustrofobia, ni me he sentido agobiada, un terreno amplio por el que cabalgar a mis anchas. Pero cuando llamaste a mi puerta y en pleno despiste te colaste, me invadiste con amor desmedido, de ese que no conocía, y me desbordaste, tanto que mis fronteras las sentí extremadamente reducidas.
Luego para contenerme me abrazaste y me enseñaste a caminar de tu mano, aún a pesar de que me resistía con temor y a veces con fiereza. Pusiste delante de mí caminos desconocidos y me invitaste a recorrerlos contigo. Tuviste etapas de paciencia y arranques de impaciencia casi cada día, pero seguiste fiel a tu instinto.
Dejaste todo por venirte a mi lado, y aquí sigues, esperándome…
Y sin embargo lo que no hemos sabido encajar es el alrededor. Al menos es lo que aún yo no he sabido encajar. Y a ti también te está costando. Tanto que nos estamos destrozando.
Ayer te llamé “cariño” sin darme cuenta de la situación, y es que a veces quiero olvidarme de este infierno que tengo en mi cabeza. Bueno, infierno no, no me gusta esa palabra, digamos bombona a punto de explotar. Y tú, imagino que te extrañarías y no entenderías. Pero no quiero herirte, ni confundirte. Sólo quiero preparar el camino y quitar lo que estorba para correr a tus brazos sin importarme nada más que ser por fin tú y yo…
Digan lo que digan…

servido por laesquinademialma sin comentarios compártelo

3 Junio 2008

Caminemos...

¿Cómo no querer tus caricias y tu timbre varonil susurrándome al oído?
¿Cómo renunciar a momentos sublimes en los que el cielo y el mar se nos quedan pequeños?
¿Cómo rechazar tus manos curtidas secando mis incesantes lágrimas?
¿Cómo resistir inquebrantable ante tus brazos dispuestos a rodearme emanando tu perfume inconfundible?
Se me hace harto difícil ser yo sin ti e imaginarte a ti sin mí. Casi no concibo un futuro sin tu aliento o un proyecto sin tu firma.
Pensar en ti me hace vulnerable, me hace gelatina, mantequilla que al menor soplido de viento cálido se derrite y se disipa. Pero a la vez me hace agarrarme a la Roca más fuerte que existe en un encarnizado intento de mantenerme sólida. Por ti y por mí, por ambos.
Te miras en mí y dices empequeñecerte, sin embargo yo me miro en ti y veo mi miseria. Creo que eso es bueno, porque destila admiración y deseo de ser más como el otro. Pero crea frustración cuando queremos ser el otro y no ser quien realmente somos.
Tú, todo experiencia, yo, ansiosa de ella. Tú, soñadamente realista, yo, realmente soñadora. Tú, curtido por la vida, yo, una vida por curtir. Tú y yo…

Deseo con toda mi alma encontrar ese punto en nuestros caminos donde detenernos y descansar. Donde poder echar la vista atrás y ver que ha merecido la pena, donde al mirar hacia delante veamos lo suficiente como para darnos cuenta de que tu lucha y mi lucha siguen cobrando sentido. Ese punto que nos conecte con la eternidad y tengamos perspectiva.
Caminemos…

servido por laesquinademialma sin comentarios compártelo

3 Junio 2008

El abrazo...

- Lo que daría por abrazarte, le susurró él, mientras ella le miraba con ojos de no entender la situación.
Ella bajó la mirada y continuó viendo la película, acurrucada en un sofá, con otros tres amigos más, y él.
A pesar de lo cómico de la película, de las risas y comentarios, ella, abrazada a una tierna manta de lana hecha a mano, comenzó a dejar caer lágrimas por su rostro sin poder remediarlo.
-No me lo hagas más difícil. Y marchó a otra zona de la casa a despejar un poco su llanto.
Volvió con todos pasados unos minutos. Se sentía bloqueada, como en un callejón sin salida. Él no quería agobiarla, pero no podía esconder su amor a ella. Sin embargo ella no paraba de llorar.
- ¿Por qué lloras, mi niña?
- Porque necesito un abrazo, tu abrazo…

servido por laesquinademialma sin comentarios compártelo


Sobre mí

Últimos comentarios

Fotos

laesquinademialma todavía no ha subido ninguna foto.

¡Anímale a hacerlo!

Buscar

suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):

¿Qué es esto?

Crea tu blog gratis en La Coctelera