Hay épocas en la vida en las que parece que ninguna pieza encaja.
Llevo toda mi vida intentando cuadrar mi puzzle de 5000 piezas. Hay piezas grandes, pequeñas, regulares e irregulares. Durante toda la vida he ido enganchando unas a otras hasta que más o menos la estructura se iba adivinando. Y aunque de vez en cuando venía un golpe de viento y me destrozaba parte, siempre he sabido armarme de paciencia para poder recomenzar.
Por fin conseguí cuadrar todas las piezas, y el dibujo comenzó a cobrar vida. Pero cual fue mi sorpresa cuando, al terminar, veo que me falta una. Esa pieza deja un hueco irreparable, insalvable, que de quita sentido al esfuerzo. He llorado, berreado como un niño chico por la rabia que me ha dado toda una vida de trabajo para que se vea finalmente incompleto.
Le pedí a Dios una y otra vez que me dejara encontrar esa pieza, ese tesoro que daría sentido a mis sueños, la pieza 5000, la única que me falta para acabar el puzzle de mi vida.
Y me la dio… eres tú…
Pero no logro encajarte… para que entres tú tengo que sacar otras piezas y se me vuelve a descabalar todo… pero sé que eres tú… ¿ahora cómo hago?.
Eres la pieza 5000 y sin ti el puzzle no tiene sentido, quedaría incompleto, inconcluso…
He llegado a la conclusión de que quizá el dibujo que he formado no era el correcto, y que merece la pena hacerlo de nuevo para incluirte a ti. Pero necesito fuerza. No se si me queda paciencia o si estoy preparada, solo sé que te quiero en mi dibujo…
Estoy deseando terminar este puzzle de una vez por todas, para comenzar uno nuevo contigo… incluyendo mis piezas, y las tuyas…

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