Hace ya un año que tú y yo estábamos asomados a una ventana de tu casa de León, una noche donde la alegría de la verbena próxima iluminaba nuestros rostros con el cielo de colores, y al son de la pirotecnia me decías por primera vez que estabas enamorado de mí

Anoche hizo justo un año…
En tus miradas y palabras intentaba buscar diligentemente el renuncio esperado, realmente no creía que lo dijeras fuera cierto, no sé si porque era como un cuento de hadas y mi racionalidad me decía que no era verdad, o porque no me valoraba lo suficiente como para pensar que alguien como tú sintiera eso por mi.
Nunca he creído en el romanticismo de película, en los ramos de rosas por sorpresa, los “dejo todo por ti”, los anillos de diamante, los paseos entre fuegos artificiales y hogueras, o las citas sorpresa… Nunca lo he creído, pero cuántas veces lo he soñado… y resulta que todo se cumple… y viene de tu mano, de Su Mano.
El Universo se alió a ti sin yo saberlo y a tus palabras siempre las acompañó el sonido de mar, los adornos de fuego de colores en el cielo, el tiempo y la noche estrellada. Siempre tuviste la facilidad de tener una banda sonora especial, sin premeditarlo, y claro… una no es de piedra…
Aún así no te creía… no me permitía sentir por si salía dañada. Pero qué terca y cabezona que he sido siempre…

Tú corriendo hacia mí, y yo huyendo de ti… así nos pasamos los primeros tiempos…
Eso fue anoche…
Hoy hace un año que te vi llorar por primera vez, mientras te esperaba con una toalla con la que apenas acerté a cubrir la desnudez de tu alma. Esas lágrimas te siguen cambiando la vida…
Seguimos en la lucha, y con el Universo de nuestro lado… nadie dijo que fuera fácil, pero la recompensa es inconmensurable…
Felicidades a mi, porque hace un año decidiste quererme…
Felicidades a ti, porque hace un año decidiste quererte… aceptando ese amor que nunca falla.
El que tenga oídos para oír, oiga…